domingo, 14 de octubre de 2012

Saliendo a flote de un barco a la deriva.





Estando a 40 minutos de la frontera y las cosas son tan distintas que aturden.

Y ya no sólo en que hay más ambiente en los bares o que la ropa es más barata. No. Se nota en todas aquellas cosas mucho más profundas e importantes para un territorio como son la cultura y la economía.
¿Cómo seguir viviendo en un país en el que ni te valoran, ni te pagan, ni hay posibilidades de evolución? El paro juvenil –de entre 18 y 25 años- de España es de casi un 50%, y estaría bien preguntarles a ese porcentaje de jóvenes que trabaja dónde lo hace, cómo son sus condiciones laborales, cuál es su tipo de contrato o cuánto es pagado la hora.



Y el resultado sería tan penoso que haría llorar ríos.

El caso que me toca personalmente de cerca y que siempre cuento es el siguiente, cuando me licencié (suena precioso sí, pero sólo tiene una utilidad haber adornado mi CV) hace ya dos años con mis más o menos 80 compañeros todos teníamos la ilusión de haber terminado un ciclo y que de verdad ahora empezaba la realidad laboral. ¡Qué gracia! No sé porqué me ha salido esa palabra “realidad labboral”, porque es la farsa más grande que se haya creado, sobre todo en el mercado español.
De esas ochenta personas que se licenciaron conmigo hoy por hoy están trabajando de lo suyo, es decir en los medios de comunicación unas 8 personas. Genial eh…
Y casi casi tendrían que estar contentos de aún cobrando una miseria por trabajar como “putos” tienen trabajo de lo que han estudiado. Pero es la misma historia de siempre, si no sabes si del lunes al martes van a necesitar de tu ayuda –menudo eufemismo- no puedes hacer proyectos a largo plazo como el independizarte.




Hace tres años me dieron la beca Erasmus a Burdeos, y terminé mi carrera allí. Desde ese momento ya no he vuelto a España. Por una razón o por otra, porque las circunstancias de la vida te “obligan” a hacerte mayor rápido, a espabilar, a darte cuenta que no todo es para siempre y que al fin y al cabo, estamos sólos ante el peligro, decidí no volver.
En ese año en Burdeos, participé en un periódico y en una emisión de radio semanal. Precioso programa. Ya ves, en unos meses ya me estaban dando muchísimas más oportunidades, añadiéndo el hecho de que era en otro idioma, que en mi territorio.
Cuando se acabó ese año me bajé más al sur hoy por hoy vivo a unos 40 minutos de la frontera. Del otro lado de la frontera donde este pueblo ha lucha y sigue haciéndolo por sus derechos y por que los gobiernos cumpla sus obligaciones. Donde las ayudas sociales son importantes y donde los jóvenes con estudios de alto nivel y políglotas son respetados y mimados. ¿Cómo volver? A mí ya me han conquistado.

Y eso es lo que está empezando a pasar entre mi amado grupo de amigos, unos cuantos ya han decidido extender las alas de su conocimiento y emigrar a otro país donde sean vistos como lo que son: POTENCIAS EN BRUTO. Coño.

Y me alegro mucho por ellos, porque son decisiones quizá no fáciles pero imprescindibles en estos momentos. Quizá al principio trabajen en una hamburguesería o una cafetería, como hemos hecho todos, pero por lo menos aprenderan y mejoraran un nuevo idioma, tendrán un sueldo digno con posibilidades de evolución y aprenderán lo que en España es imposible, aprenderan lo que es de verdad la vida y su día a día, con sus momentos malos y los buenos, con sus costos; aprenderán lo que es hacerse mayor y responsable, cosa que en el estado español parece que no desean, que los jóvenes se hagan adultos y puedan hacerse más fuertes contra unos titiriteros que nos toman por trols.



<3



---------à Según la Federación Nacional de Asociaciones de Consultoría, Servicios, Oficinas y Despachos, más de 300.000 españoles se han ido desde 2008 ante la falta de horizonte laboral. De acuerdo a datos del INE actualizados a principios de 2012, 45.000 españoles entre 16 y 34 años se han marchado desde 2010, aunque la cifra es, seguramente, mucho mayor, dado que los datos están condicionados a que la gente se registre en los consulados y embajadas, un trámite que no completa buena parte de los que emigran.

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